En la cálida noche de Avellaneda, Merlo volvió al
Cilindro. Con el afán de sacar a Racing de un pozo que parece cada vez más
profundo, el hombre que tiene una estatua en su homenaje hizo lo que pudo.
Porque en la cancha también hay estatuas, son once y juegan con la camiseta de
la Academia.
Vélez, con apenas algo de juego asociado y complicando
por las bandas, liquidó a su rival con el gol de Mauro Zárate a los 20 minutos
de la primera etapa. El ex Lazio definió con gran calidad, hizo pasar de largo
a Sebastián Saja y aprovechó mejor que nadie la fragilidad de la defensa
racinguista.
Imaginar un gol de Racing es difícil. Más que de una gran
acción colectiva o individual, dependería de un milagro. Con solo dos puntos y
tres goles en doce fechas, Mostaza deberá trabajar mucho para cambiar el
semblante de su equipo.
El Fortín, que hasta pudo ganar por una diferencia más
holgada, retomó la confianza para encarar la próxima fase de la Copa
Sudamericana y borró los fantasmas que rondaban sobre la continuidad de Ricardo
Gareca al frente del conjunto de Liniers.
Racing, una vez más, se retiró silbado por sus hinchas,
que ven en Merlo a su única esperanza. Pero el técnico no entra a la cancha. Es
hora de despertar para un grupo de jugadores que ya se cargó algunos DTs.
Christian Corsetti
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